Congreso Latinoamericano de Evangelización CLADE IV.
Documentos Finales de la Consulta de Ministerios con Niñez
• Declaración a la Iglesia Latinoamericana.
• Agenda Regional para el trabajo con la Niñez
• Estrategias propuestas para la Agenda
• Declaración a los líderes de Gobierno
DECLARACIÓN FINAL DE LA CONSULTA SOBRE LA NIÑEZ
Los 105 participantes de la consulta sobre Ministerios con la Niñez (dentro del IV Congreso Latinoamericano de Evangelización, realizado en Quito, Ecuador, en Setiembre del 2000, con la participación total de 1300 líderes de la Iglesia Evangélica Latinoamericana), desea compartir con la Iglesia Latinoamericana las reflexiones y conclusiones producidas durante el tiempo de hermandad y de búsqueda del Señor que tuvimos.
La Iglesia ha sido partícipe de haber hecho invisibles a los niños y las niñas en la vida cotidiana. Debemos partir de esta confesión para iniciar con fe y dedicación una nueva etapa de arrepentimiento y de corrección de esta realidad.
La niñez es la fase donde la persona humana es más vulnerable ante las dificultades de su entorno lo que le ha producido, y le produce, una crítica y lamentable situación en todos nuestros países por lo hostil de su entorno. Nuestro Dios nos ha hablado a nosotros su pueblo, constantemente a través de su Palabra, sobre su amor y profunda preocupación de aliviar y restaurar la dignidad y el dolor que estas condiciones producen a las personas.
La familia, pero también la Iglesia, ha perdido protagonismo en la formación y atención de las necesidades de los niños. Hay una ausencia de liderazgo de los padres y de los pastores y líderes de las congregaciones y ministerios, en el proceso de desarrollo del niño y la niña, dejando que sean otros los encargados de acompañarlos, de atenderlos y formarlos.
La Iglesia debe apropiarse del proyecto de Dios para la Niñez.
Dios nos ha mostrado en su Palabra, y en su accionar, que tiene un proyecto muy especial y primordial para la niñez. La niñez tiene un lugar especial en su corazón. Es clave, por lo que les da un trato especial.
¿Cuál debe ser la nueva actitud de la Iglesia en esta década?
La Iglesia Latinoamericana requiere de una urgente conciencia, compromiso y dedicación hacia la niñez, es decir, una verdadera conversión hacia ellos. Una lectura del entorno actual, y una lectura de la Palabra de Dios, nos exige cambiar la visión que tenemos con el trabajo de la niñez, y cambiar el orden de las prioridades. Esto nos permitirá poner a la niñez en primer lugar y comprometernos seriamente con la prevención, la atención, la protección, y la formación para su desarrollo. La Iglesia local debe cambiar su centro de gravitación para poner a la niñez en el centro de las prioridades.
El crecimiento sano y sostenido de la Iglesia en este nuevo siglo dependerá de la oferta específica y personal que la Iglesia le dé a la niñez hoy.
Los niños y niñas deben tener un espacio de participación real y efectivo en la familia, la Iglesia, y la sociedad. De lo contrario, solo podemos esperar que continúe invisible y relegado a espacios sin trascendencia, y que sientan que la iglesia es un espacio que no les pertenece.
La Iglesia debe priorizar la producción de metodologías, de curriculums, de materiales, y de producción de capacitaciones para que ayuden a cambiar nuestra visión, nuestra actitud y nuestro compromiso con la niñez, dentro y fuera de los templos.
Las estrategias que debemos seguir.
La situación de la niñez en riesgo no puede esperar, ni las soluciones para ellos se pueden postergar. Las respuestas que el evangelio nos manda a dar tienen que surgir de la Iglesia hoy mismo. Esperar a mañana sería tarde porque habremos perdido la oportunidad de romper con este ciclo nefasto, y de llevar el mensaje del Reino a las actuales generaciones.
El adulto debe volver sus ojos con un nuevo interés y pedir dirección, poder y amor al Señor para una plena dedicación a la niñez, sin límites.
Los participantes proponemos una agenda regional a diez años, que define obligaciones de corto, mediano y largo plazo, y que nos ordena las acciones que debe emprender la Iglesia para asumir un nuevo reto por el bienestar de la niñez. Esta agenda la hemos complementado con unas líneas estratégicas para iluminar los medios necesarios para el trabajo. Ambos productos los hemos preparado bajo reflexión y oración.
Las redes de trabajo son la forma más efectiva de coordinar y racionalizar los escasos recursos, y de construir un solo cuerpo, como lo exige el Señor. Por eso, queremos trabajar juntos y dar testimonio de que somos una Iglesia con un solo sentir en el Espíritu.
Quisiéramos hacer nuestra la exclamación del profeta:
“Levántate, grita por las noches, grita hora tras hora;
Vacía tu corazón delante del Señor, déjalo que corra como el agua;
dirige a él tus manos suplicantes y ruega por la vida de tus niños,
Que en las esquinas de las calles mueren por falta de alimentos”
Lamentaciones 2:19
Sin embargo, pese al escenario desolador, quedamos con fe y esperanza en el futuro de la Obra del Señor con la niñez, porque de alguna forma Él seguirá en control de su Iglesia, y hará prevalecer su voluntad.
En Cristo Jesús
Los participantes de la Consulta sobre Niñez de CLADE IV.
AGENDA REGIONAL PARA EL TRABAJO CON LA NIÑEZ
(2000-2010)
Los ministerios participantes de la Primera Consulta de Niñez (efectuada en el marco del Congreso Latinoamericano de Evangelización, CLADE IV), luego de orar y confiar en el Señor, convenimos en construir una agenda de trabajo para la próxima década, que sirva de dirección a los ministerios que trabajamos en cada país. Los presentes avalamos y suscribimos su contenido, haciendo un llamado a las demás iglesias y ministerios, de que se unan a nuestro compromiso incondicional ante el Señor, de invertir el mejor de nuestros esfuerzos por cumplir con lo que expondremos a continuación.
CORTO PLAZO en los próximos 2 años, debemos…
Concientizar y comprometer a los pastores y los líderes de las congregaciones locales, así como a toda la comunidad de fe, con la revisión de la visión de la Iglesia, sus objetivos y sus metas, para incorporar con urgencia, determinación y claridad el trabajo con la niñez.
Trabajar, conjuntamente con las familias, en la construcción de esa visión que como Iglesia queremos para el trabajo con la niñez, que incluya directrices claras para el corto, mediano y largo plazo.
Trabajar con la niñez con un enfoque integral y con la más alta calidad posible. Trabajar programando y planificando adecuadamente las acciones en programas y proyectos, para que nuestro esfuerzo sea realizado con excelencia y dignifique a la niñez.
Desarrollar con urgencia una pastoral para la niñez, con el mismo énfasis y dedicación que se trabaja la pastoral de adultos (Producir una reflexión y una teología al servicio de las necesidades de la niñez, en especial la que está en riesgo, que contemple su propio contexto y sus particularidades) Esto conlleva a hacer una relectura de la Palabra del Señor a la luz de la situación de extrema vulnerabilidad y dolor que vive la niñez, para así enriquecer el mensaje evangelizador y formador, como también la acción práctica del trabajo de misión que debe hacer la Iglesia dentro y fuera de sus paredes.
Luchar en las iglesias para que los programas con niños tengan un lugar, y uno de privilegio muy importante, con la correspondiente la asignación de recursos en los presupuestos anuales de la Iglesias. Promocionar al niño como centro de las prioridades de la Iglesia, respondiendo al interés superior del niño, lo cual nos exige un cambio de paradigma radical.
Aprovechar los existentes, o crear nuevos programas de formación de líderes y maestros, para fortalecer el trabajo con la niñez dentro y fuera de los templos.
Producir, o estudiar diagnósticos sobre la niñez ya producidos, que nos expliquen su situación en nuestro entorno, y que nos motive a una profunda reflexión sobre el llamado que tiene la Iglesia en este campo, para así desarrollar respuestas serias desde nuestra fe a dicha realidad.
La Iglesia debe ofrecer alternativas que integren a la niñez que tiene con problemas particulares como la discapacidad, los problemas de enfermedades (el SIDA por ejemplo), minorías étnicas y desplazados.
Formar equipos de trabajo que tengan primordialmente una vocación y llamado en este campo, y que quieran comprometerse. Debemos involucrar especialmente a los varones en los programas con la niñez, por la importancia de la imagen y modelo masculino en los mismos, precisamente el más ausente.
Desarrollar un perfil psicosocial del niño y la niña, para que sirva de insumo fundamental en el planeamiento de las acciones para esta población, y que esta responda a las necesidades particulares y de cada grupo de edades.
Buscar ayuda para superar deficiencias conceptuales y metodológicas, que permitan enfrentar el trabajo con la niñez sin mayores obstáculos iniciales.
Gestionar los medios económicos dentro y fuera de la congregación para llevar a cabo los programas y proyectos.
Formar redes de trabajo local, regional y nacional, para garantizar el máximo aprovechamiento de los recursos y presentarnos unidos y fuertes ante las luchas y conquistas comunes. Acordamos que en los próximos 2 años los ministerios nacionales y regionales estarán unidos, trabajando en redes. El plenario acuerda solicitar al ministerio de Viva de América Latina que dedique sus esfuerzos para facilitar las acciones de los demás ministerios que trabajan con la Niñez.
Reunirnos en 2 años, probablemente para noviembre del 2002, con el propósito de pedirnos cuentas y hacer el balance de cuanto hemos avanzado en estos compromisos. Para facilitar estos, el plenario sugiere la elaboración de planes e indicadores para expresar los avances de los ministerios en este sentido. El plenario le solicita a Viva de América Latina, la organización y convocatoria de este evento.
MEDIANO PLAZO en 5 años, la Iglesia debe …
Realizar diagnósticos profundos, con análisis de enfoque de género, para que sirvan de insumo y medio para el control de los avances.
Tener la conciencia de lo que la niñez significa para la Iglesia, de sus necesidades particulares, y de sus preocupaciones. Haber conocido, reflexionado y respetado el lugar y los derechos que tiene la niñez dentro de los planes de Dios. Tener la sensibilidad de acercarse al mismo nivel del niño y poder comunicarse con él.
Haber identificado a la niñez en riesgo de su comunidad, y haberlos integrado a la comunidad de fe como miembros activos, con participación y plenos derechos. Tener abiertas alternativas de centros infantiles de atención funcionando en las iglesias. Haber incorporado programas integrales de atención y desarrollo de la niñez, con recursos suficientes.
Haber generado una necesidad de diagnosticar permanentemente la situación de la niñez con una lectura crítica que sea la base de la programación y de la oferta de atención para la niñez.
Haber revisado creativamente la liturgia para favorecer la presencia familiar en el culto y entender las necesidades de los niños.
Monitorear y evaluar los programas y proyectos en marcha con base en indicadores que surjan de las propias redes. Debemos tener la capacidad de corregir y reprogramar, así como realizar sistematizaciones, para mejorar continuamente el accionar.
Establecer los mecanismos para trabajar juntos como cuerpo de Cristo, y compartir las experiencias positivas, negativas, y productos logrados.
Incluir el trabajo de la niñez como un apartado permanente e importante del presupuesto de la congregación.
Hacer una consulta con niños para saber cómo perciben ellos a la Iglesia y cómo pueden aportar a la pastoral y a la programación. Fomentar el liderazgo de la niñez en la ejecución de las acciones de los programas.
Haber logrado que surjan niños y niñas facilitadores de los programas que se ejecutan con esa población.
Haber contextualizado programas y materiales que nos vienen de afuera. Esforzarnos para que estos tengan un enfoque de género.
Haber evaluado en cada contexto la conveniencia de acceder a recursos públicos.
LARGO PLAZO en 10 años, la Iglesia debe…
Haber cambiado la mentalidad de que la Iglesia solo se responsabiliza por los niños que llegan a su templo. Ser más bien ser una Iglesia que sale a las calles a invitar a la niñez desvalida, a vivir el Reino de Dios.
Haber elaborado y ejecutado proyectos de Iglesia donde se considere a la niñez como centro de la atención y cuidado. Haber planificado los espacios físicos y los programas de la Iglesia, considerando a la niñez como el centro del cuidado, la garantía de la supervivencia como Iglesia, y la mejor forma de crecimiento exitoso sostenido del presente y del futuro.
Haber incluido la perspectiva vocacional en la formación de la niñez, para potenciar sus habilidades particulares y facilitarle una inserción laboral que cada día se dificulta más entre nuestros jóvenes.
Tener una cobertura del 100% de los niños de su congregación y el máximo posible de los niños de su comunidad.
Tener una experiencia exitosa de trabajo en red, en coordinación con otros ministerios e iglesias.

ESTRATEGIAS REGIONALES PARA DESARROLLAR
LA AGENDA DE LA NIÑEZ EN LA REGIÓN
Los ministerios participantes de la Primera Consulta de Ministerios con Niñez, efectuada en el marco del Congreso Latinoamericano de Evangelización (CLADE IV), convencidos del llamado del Señor, convenimos en construir una estrategia para el cumplimiento de la agenda de trabajo con la niñez para la próxima década, que sirviera de dirección para la implementación de los programas y proyectos de las iglesias y los ministerios que trabajamos por la niñez de nuestros países. Los suscritos abalamos y suscribimos su contenido, haciendo un llamado a las demás iglesias y ministerios, de que se unan a nuestro compromiso incondicional ante el Señor, de invertir el mejor de nuestros esfuerzos por cumplir con lo que expondremos a continuación.
Depender del Espíritu Santo para preparar el trabajo tan complejo que es organizar y ejecutar exitosamente la formación de nuestra niñez. Orar incesantemente por la niñez para darles cobertura en su vulnerabilidad.
Reflexionar y atrevernos a romper paradigmas con respecto al trabajo con la niñez para que podamos crecer y mejorar.
Estudiar y diagnosticar permanentemente la situación de la niñez, dentro y fuera de la Iglesia.
Cambiar nuestra visión asistencialista del trabajo con la niñez por una que nos permita trabajar integralmente con ella.
Hacer partícipe a la niñez de los espacios de discusión y decisión de la Iglesia y la familia. Hacerlos protagonistas de su dirección y construcción del plan de vida, así como de los programas y planes hacia su persona, para que la niñez sea visible a los intereses de la Iglesia.
Concientizar a la comunidad de fe, y especialmente a los mismos niños, de la importancia y papel preponderante que juega la niñez en el Plan de Dios. Enseñarles a que sepan defenderse de las condiciones adversas y que aprovechen las oportunidades que hay.
Promocionar seminarios y talleres de sensibilización, motivación y despertamiento. Involucrar a los seminarios denominacionales, o interdenominacionales para que dediquen cursos para satisfacer estas necesidades, especialmente orientados al pastor y liderazgo. Buscar la formación de cursos universitarios acreditados para los siervos de las iglesias.
Establecer programas permanentes de capacitación para el liderazgo en general, y para los líderes de la niñez en específico. Esos planes no deben sólo en metodologías de atención a la niñez, sino también en exégesis bíblica, formas de evangelización, trabajo con la familia, desarrollo del niño, aspectos legales y marco jurídico que protege a la niñez.
Trabajar en pequeñas células de cristianos comprometidos, con un llamado claro, y con una vocación probada. Estos hermanos y hermanas deben tener el compromiso y tiempo para entrenarse y trabajar sostenidamente por la obra con la niñez.
Trabajar en redes locales, regionales y nacionales, así como alianzas entre iglesias y ministerios para fortalecerse mutuamente y potenciar nuestras posiciones.
Mantener una relación estrecha de trabajo con los gobiernos locales y nacionales, y líderes de la comunidad para coordinar mejor el trabajo necesario para la niñez. Entender la obligación que tiene la Iglesia de exigir a los gobiernos el cumplimiento de los derechos de la niñez.
Realizar un diagnóstico profundo por lo menos una vez al año, y reforzar con monitoreo permanente, que nos permita como Iglesia reconocer las prioridades y tendencias de la problemática de la niñez.
Desarrollar una pedagogía que nos permita desarrollar las creatividades y potencialidades de cada uno de los niños y niñas, evitando la masificación de la atención y desarrollo.
Involucrar a la niñez y la adolescencia al trabajo directo con sus pares, para que sean facilitadores y partícipes del compromiso de la congregación.
Mantener un sistema de monitoreo, evaluación y sistematización de las acciones que existan o se inicien con la niñez.
Generar espacios de reflexión sobre el tema en la Iglesia, en los ministerios y con actores seculares.
Mantener a la mayor cantidad de personas de las iglesias involucradas en muchos campos adicionales a la atención directa de la niñez como la oración y la intercesión por ellos.
Testimoniar sobre los resultados de los programas y las restauraciones personales, dignificando a los involucrados y dando la Gloria a Dios.
Sacar el máximo provecho posible a los medios tecnológicos, y de comunicación para sensibilizar y promover sobre el trabajo con la niñez.
Atender con especial apremio las edades tempranas.
Cada iglesia o ministerio debe conocer su red inmediata, y cada uno conocerá y utilizará la agenda regional para la década de CLADE IV, con el propósito de que sus acciones se unan a los esfuerzos focalizados de la región.
Dar a conocer la agenda y compromiso de la iglesia a la mayor cantidad de miembros. Establecer un mecanismo de fácil difusión de los acuerdos de CLADE IV, para que la Iglesia se entere de lo que el Señor nos ha mostrado sobre el trabajo con la niñez. Utilizar los medios de comunicación de la Iglesias para promocionar esta visión del trabajo con la niñez.
Declaración dirigida a los señores y señoras Presidentes y Jefes de Gobiernos de América reunidos en noviembre del 2000 en la Ciudad de Panamá.
Los participantes de la consulta sobre el trabajo de la Iglesia de Jesucristo con la niñez, dentro del IV Congreso Latinoamericano de Evangelización, realizado en Quito, Ecuador, en Setiembre del 2000, con la participación de 1300 líderes de la Iglesia Evangélica Latinoamericana, desea enviar a todos ustedes el mejor de los deseos y la permanente oración para que el todopoderoso les cubra con sabiduría, y les permita trabajar en pos de una América Latina con libertad, con justicia y con Dios. En un mensaje fraterno y respetuoso deseamos transmitirles el sentir de nuestro corazón,

RECONOCEMOS QUE:
El Señor tiene un proyecto divino y eterno, de bienestar y realización plena para cada uno de los niños y niñas que nacen. Por esto, debemos reconocer que la Iglesia es directamente responsable, de ejecutarlo con la gracia de Dios, su poder y su guía.
La historia ha hecho invisibles a los niños y las niñas. Y en este terrible error, el estado y la sociedad (incluida la iglesia), no estamos exentos. Pese a que es el momento donde la persona humana es más vulnerable ante las dificultades de su entorno, no hemos podido detener las múltiples causas que hacen que su situación sea crítica y trágica en América Latina. Ya las estadísticas sobre el sufrimiento de esta población parecen no impactarnos y las creemos como lejanas a nuestras realidades. Sin embargo, ¿quién podría ocultar que en un año en nuestra región 6 millones de pequeños sufren diversas formas de fuerte violencia en sus propias familias, muriendo 80 mil personitas por esa causa?.
Los cristianos creemos, según la Palabra de Dios, que desde el momento mismo de la concepción existe vida, y desde este momento hasta la adolescencia, la persona vive su etapa más crítica, la que definirá su porvenir y la marcará para toda la vida. Nos comprometemos a ser la voz de los niños y niñas que aún no han nacido.
Todos los esfuerzos por desarrollar a la niñez serán recompensados en el largo plazo con una sociedad sana y dispuesta a contribuir con el desarrollo de su país. Por lo contrario, cualquier ahorro que pretendamos hacer en el esfuerzo por sacar adelante a nuestra niñez, nos será cobrado con cruentos intereses cuando en el mediano y corto plazo veamos sucumbir a nuestros pueblos en la miseria, el dolor y la desesperanza.
La realidad de nuestra niñez es que ha pasado desapercibida e invisible en las agendas políticas de nuestros gobiernos, cumpliéndose medianamente solo con obligaciones internacionales, pero no centrando a esta población, por convicción, como un eje transversal del desarrollo de los pueblos y cumplir así con el principio del “interés superior de la niñez”
Paralelamente, y para agravar la situación, la familia ha perdido protagonismo y responsabilidad en la formación y atención de las necesidades de los niños y las niñas. Hay una ausencia de los padres en el proceso de desarrollo integral del niño o la niña, dejando que sean otros medios, los encargados de acompañarlo, de protegerlo y formarlo.
Eso sí, también creemos que no existe otro tema en la realidad de nuestros países que sea tan importante, estratégico e impostergable como el bienestar de la niñez. La unidad y la dirección de una nación no puede encontrar más alta motivación que la de proteger y desarrollar a la niñez ya que reconocemos el principio básico de que la buena siembra de hoy, garantizará mañana una cosecha abundante y segura de bienestar y desarrollo para todos.
El tema de la niñez no es delegable livianamente solo en la figura de las valientes mujeres del continente, o de los técnicos de los gobiernos, sino que debe ser la responsabilidad personal de todos los tomadores de decisiones quienes seriamente deben responder a cada una de sus necesidades y dar cuentas de cuál es su compromiso en la práctica.
Por otro lado, deben cumplirse los derechos expresados en la Convención de los Derechos de la Niñez, no sólo porque esta suscrita, o porque otros lo están intentando, sino porque la niñez nos demanda hoy un compromiso directo de cada uno de nosotros.
Pensamos también que el sistema de derechos y la legislación vigente debe revisarse permanentemente para garantizar que esté respondiendo a las necesidades de supervivencia, de protección y desarrollo de la niñez de nuestros países.
La Iglesia Evangélica Latinoamericana ha estado presente por muchas décadas, ofreciendo alternativas de supervivencia, protección y desarrollo en las miles de iglesias y organizaciones de proyección social, creyendo que nuestra misión integral nos demanda estar al lado de los vulnerables y necesitados, ofreciendo amor, pan y la construcción de mejores alternativas de desarrollo.
Por eso mismo, reflexionamos que la causa que origina la mayor cantidad de los males que padecen nuestros pueblos es la ausencia sostenida de los valores del evangelio en las acciones de nuestros países.
Debemos enfrentar con valentía la necesidad de poner freno a la baja calidad y terrible deformación que producen los medios de comunicación colectiva que aún no han querido comprender el daño incorregible que imprimen en la niñez con sus ilimitados mensajes de violencia, de antivalores, de desorientación y de desmotivación que nos está robando a nuestra niñez para abandonarla a la deriva.

DECLARAMOS QUE:
Seguiremos promoviendo, y esforzándonos por el trabajo con la niñez, según nos dicta el Plan de Dios.
Hemos construido una agenda de compromisos a 10 años plazo, y sus estrategias, donde la Iglesia Latinoamericana que participó en la consulta, se ha comprometido a luchar por el mejoramiento del bienestar de nuestra niñez, y por el cumplimiento pleno de su supervivencia, su protección y su desarrollo. Empezamos por una reflexión a lo interior, para renovar nuestro compromiso personal y colectivo, y también por renovar nuestra visión y forma de trabajo para seguir buscando la calidad que requiere el reto según el contexto histórico que vivimos.
La Iglesia Latinoamericana se compromete a ser centinela y auditora permanente de las condiciones de la niñez de nuestros países, y al cumplimiento de sus derechos. Nos corresponde el mensaje profético de hablar por los que no tienen voz y empezaremos por la Iglesia misma. Para eso usaremos el mandato de Dios, el sistema jurídico internacional que se ha creado, y defenderemos apasionadamente los intereses de la niñez en nuestros pueblos.
Deseamos ser lectores agudos y permanentes de la realidad y transmisores de las necesidades de protección de las poblaciones. Deseamos coordinar acciones con el Gobierno, en una alianza por la niñez, pero deseamos ser respetados y reconocidos por la trayectoria en el tema, y no utilizados como una alternativa a quien delegarle la responsabilidad que es de todos.
Queremos ser parte activa de todos los planes nacionales y programas dedicados a la niñez que se propongan inteligentemente, con seriedad, y sin banderas partidarias de corto plazo. Por nuestra parte, nos estamos esforzando por actuar con el mismo amor de siempre y con profesionalismo y calidad en nuestras propias propuestas y acciones.
Contamos con unos 10 mil grupos de líderes y propuestas que construyen y dirigen todos los días opciones que atienden e impactan a millones de niños y niñas. Para nosotros es un honor y un orgullo haber sido llamados por nuestro Dios para cuidar, proteger y desarrollar a esta población que sabemos está cerca de su corazón. Estamos a la disposición de las acciones integrales que velen y procuren el bienestar de la niñez.
Deseamos ver el interés de los gobiernos por la niñez, expresado en presupuestos públicos suficientes y dignos que se inviertan en programas integrales, de gran impacto y que no solo ofrezcan alternativas de supervivencia y protección, sino que garanticen el pleno ejercicio de sus derechos. Esperamos que los gobiernos asuman con seriedad los procesos de afirmación e implementación de la Convención de los Derechos de la Niñez, para que su visión y sus obligaciones sean logradas plenamente.
Queremos ser un agente activo en la revisión de la legislación, y en la ejecución de las metas de las que ustedes se han responsabilizado ante la comunidad internacional, y especialmente ante sus propios pueblos. Trabajaremos en redes que faciliten nuestra unidad para ser interlocutores más fuertes y mejor preparados para esta tarea.
Por último, invitamos a nuestros gobernantes de América a unirse a participar, a través de una cruzada regional de búsqueda de los valores básicos de la familia y la niñez, base para el bienestar general de la sociedad. En este sentido, los líderes políticos y los gobiernos tienen una responsabilidad y carga adicional de ser un ejemplo de vivencia práctica y personal de estos valores desde la función pública, porque de los contrario no debería sorprendernos que la sociedad emule lo que sus gobernantes practican en vez de lo que predican.
Para todo esto, que la misericordia del Dios creador nos acompañe a ustedes y nosotros, ya que será el mismo quien nos exija las cuentas de cómo hemos asumido la administración del talento que se nos dio para realizar este trabajo.
En Cristo Jesús.
Los participantes de la Consulta sobre Niñez de CLADE IV
Iglesia Cristiana Evangélica de América Latina.

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