Si los niños viven con seguridad, aprenden a tener fe en sí mismos y en quienes los rodean. Si los niños viven con elogios, aprenden a apreciar.- Dorothy L. Nolte-

Brindémosles a los niños y niñas el amor de Cristo.

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Cartas a Dios

Conzca este ejemplar caso de un joven a quien la Iglesia tendió su mano.

(La fotografía es ilustrativa)

Julio (nombre ficticio)* es un joven de 15 años, que vive en Costa Rica y quien no logró conocer a sus padres biológicos. Gran parte de su vida se la ha pasado tratando de encontrarle el sentido a su vida, así como ansioso de conocer a sus parientes.

De su pasado se sabe muy poco. Desde pequeño fue hospedado por una señora que se convirtió en “su abuelita”. Cuando él tenía 8 años, ella murió, y por no contar con más familiares, el niño fue ubicado en albergues del gobierno.  Allí permaneció durante 5 años, soñando y anhelando que algún día, podría encontrar a su “familia”, desconociendo que aún ni sus apellidos son propios. Sin embargo, este deseo mantiene viva su esperanza y su aferro a un futuro incierto.

Su caso no es simple, pero sí ejemplar. En medio de tantas situaciones, Dios puso en su camino a una familia y a una iglesia que aceptaron el reto de sacarlo adelante y para ello le brindaron un hogar en el cual lo acogieron como a un miembro amado, en lugar de enviarlo a una institución. Ellos le han ayudado a encontrar muchas razones para seguir adelante con sus sueños, metas y anhelos. Su nueva familia encendió la llama de la esperanza y el amor en su joven corazón.

Ahora él tiene un trabajo que le ha dado la posibilidad de realizar su proyecto de vida. Vive en un pequeño cuarto que alquila y paga con su propio salario, mientras que la iglesia le apoya en lo relacionado con su alimentación y otras necesidades básicas.

Además cuenta con el apoyo pastoral, ayuda de gran valor para que pueda hacerle frente a las situaciones de dolor presentes en su pasado. Dios es parte de su nueva vida y con Él tiene conversaciones serias, pero amenas, las cuales escribe en su cuaderno de rayas y decora con pequeñas flores, corazones, y caras alegres por doquier.

Las faltas ortográficas presentes en sus cartas son muchas. Son las mensajeras que nos comunican sobre la ausencia de escolaridad, producto de su no acceso a la educación; pero, pese a la cantidad de errores, el mensaje es más que claro:

¡Gracias Dios por tu amor y por las personas que has puesto en mi camino para amar y compartir!

A continuación, dos de las muchas cartas que él le escribe a Dios y que en esta ocasión queremos compartir con usted.

CARTA 1

Gracias por Esto

Dios, gracias por todo lo que me das, por haberme dado una familia tan cariñosa y agradable. Si no fuera por ti no tuviera esta familia; si no fuera por ellos no estuviera tan feliz con el trabajo. Dios te pido de todo corazón que los cuides como tu haces conmigo. Siempre ayúdalos a salir adelante y cuando tengan su familia, cuídalos.

La mujer es como una hermana para mi, ellos dos son como mi familia verdadera, tu me llevaste hacia ellos. Ellos me llevan por un camino bueno y nunca los olvidaré. Ellos hicieron algo bueno por mi y yo se los agradezco de todo corazón.

Antes estaba triste, pero a ahora soy feliz, porque Dios me dio una familia que me hizo feliz. Por siempre ellos quieren algo bueno para mi; quieren que salga adelante; ellos son como las estrellas.

Tener una familia es maravilloso. No pude conocer a mi familia, pero aunque los conociera me quedaría con la familia que me hizo feliz.

CARTA 2

Me diste un corazón para amar

Dios, me diste un corazón para amar a los demás, a los que me están ayudando. Después de mis amigos, están los animales, me gusta ser cariñoso con ellos.

Dios, algo que nunca se me olvidará es el amor que me dio mi abuela, eso me recuerda a esta familia. Lo que más deseo es encontrar a mi familia, si los encontraría, te los agradecería Dios, pero no me iría con ellos, porque nunca me olvidaría de la familia que me terminó de criar. Siempre se los agradeceré de todo mi corazón.

Dios, mi deseo más grande es darles un hogar a los niños; después compraría un hogar para los animales; ese mi deseo, pues ellos también necesitan familia, amor y cariño. Muchas gracias a Dios, con ellos tenemos compañía cuando estamos solos.  Tenemos las plantas, los animales, pero principalmente a Dios.

Dios nos enseña a amar como Él hizo por nosotros. Desde ahí empezó el amor, la amistad y la felicidad.

*Nombre ficticio usado para proteger la identidad de esta persona.

 


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