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Palabras del Director Regional Un Cambio en el Trato a la Niñez América Latina y el Caribe son regiones profundamente afectadas por todas las formas imaginables de violencia contra la niñez. Pese a todos los esfuerzos hasta ahora implementados por muchas iglesias y líderes de ellas, los índices de derechos de la niñez, olvidados y violentados, son realmente vergonzosos. Y precisamente, gracias a los esfuerzos de la iglesia y a otras expresiones de trabajo fuera del Cuerpo de Cristo, la situación no es mucho peor. Pero debemos ser honestos y saber que no hemos alcanzado aún el mandato categórico del Señor de Mateo 18, “… que no se pierda ni uno solo de estos pequeños”. Día a día mueren gran cantidad de niños y niñas en la región, y muchos otros son afectados por el hambre, la explotación y el maltrato, como producto de la negligencia de la familia, de los gobiernos y la irresponsabilidad y el silencio de la sociedad en general (incluyendo de importantes sectores de la iglesia). Entonces, adicionalmente a todos los buenos productos que estamos obteniendo, debemos plantear una estrategia todavía más transformadora, más impactante. Esta estrategia surge del seno mismo del mensaje del Reino de Dios acerca de la plenitud de vida que vino a ofrecernos Jesús. Se trata de la promoción del buen trato como alternativa radical transformadora a todas las manifestaciones de violencia. Debemos de aprender en cada relación que tengamos con los niños y las niñas, cuál es la forma más adecuada, que garantice un trato correcto, prioritario, transformador y protector. El buen trato, el trato compasivo, el trato como el que Jesús dio a los niños que eran llevados por los adultos para ser bendecidos, fue un trato transformador. Jesús lo sabía y por eso se sentía molesto, casi indignado, que sus discípulos no lo observaran así. ¿Pudo un niño ser el mismo luego de que Jesús se entregó a éste, lo atendió, abrazó, bendijo y le dio su modelo y ejemplo de un trato correcto? Cuando hablamos de buen trato a la niñez tanto dentro como fuera de nuestras iglesias nos referimos a velar por ella, a visionar las condiciones que requiere, a prever y atender sus necesidades, a que se sientan parte de la atención y las actividades, que puedan ser protagónicos de su propio proceso educativo, de su desarrollo. Pero nos referimos también a la necesidad de formarlos, de empoderarlos y de establecerle los límites necesarios para que a la postre se sientan seguros. Aún, ante la permanente necesidad de corregirlos, debemos de pensar en formas alternativas que sean un modelo para su propio comportamiento ahora y en el futuro. No se quede afuera de espectador. No deje que otros hagan lo que Dios le está pidiendo a usted. Sea un agente de transformación, ¡únase al buen trato por la niñez!
Alfredo Mora |